La Cofradía de la Soledad - aunque dudo que se enteran - celebran este año una efeméride significativa: el 50 aniversario de la primera salida procesional de la imagen de San Pedro y del nacimiento del propio tercio de San Pedro, un hito que marcó una etapa importante en la historia de la Hermandad.
La primera salida tuvo lugar en 1976, cuando la imagen —obra del escultor Florencio Gambino— procesionó por primera vez acompañada por el tercio que llevaba su nombre. Aquella incorporación supuso un impulso para la participación y la configuración de los cortejos procesionales de la época.
Sin embargo, la imagen original ya no forma parte de las procesiones actuales. Con el paso del tiempo surgió la necesidad de restaurarla, pero la Cofradía optó finalmente por adquirir una nueva talla seriada en lugar de alcanzar un acuerdo con la iglesia del Socorro, propietaria de la imagen histórica, para acometer su restauración. Aquella decisión supuso la retirada definitiva de la obra de Gambino de la Semana Santa. Uno de los muchos y grandes errores de esta Cofradía, que cambió una imagen antigua de gran valor artístico, literalmente, por un muñeco.
En el ambiente cofrade a aquella talla que sustituyó al San Pedro histórico llegó a recibir de forma irónica el sobrenombre de “el rey mago de la papelera ferrolana”, reflejo de las críticas que generó la elección de una imagen de serie frente a la restauración de la pieza original. Claro que esa "imagen" fue también retirada años después por la actual de Jesús Cepeda y que después de un gran desacierto, al menos se acertó en algo. Claro que yo hubiera apostado por restaurar si o si a San Pedro, y retiraría otras imágenes de la Cofradía que distan mucho de la calidad de una Semana Santa de Interés Turístico Internacional.
Estreno Ecce Homo
Ese mismo año, 1976, también se produjo otro estreno relevante en el patrimonio procesional de la Cofradía, ya que el Ecce Homo presentó un nuevo manto confeccionado por las Esclavas del Santísimo en la antigua capilla de San Roque, enriqueciendo así el ajuar de una de las imágenes más representativas de la Semana Santa Ferrolana.
Cinco décadas después, aquella etapa sigue siendo recordada como un momento de cambios y de incorporación de nuevos elementos que marcaron la evolución de las procesiones y del patrimonio cofrade de esta Hermandad.









