La Semana Santa de Ferrol ha cerrado una nueva edición dejando un balance que, sin ser perfecto, invita al optimismo. La evolución es evidente: se siguen dando pasos adelante, algunos más firmes que otros, pero siempre en la dirección de mejorar una de las celebraciones más emblemáticas de la ciudad.
Entre los múltiples elementos que configuran su identidad, hay dos que resultan inseparables: los pasos y la música. Precisamente en esa relación es donde se han producido avances significativos en los últimos años, aunque todavía quedan cuestiones importantes por resolver.
En líneas generales, comienza a consolidarse una diferenciación lógica: los pasos de Cristo y de misterio acompañados por cornetas y tambores o agrupaciones musicales, y los pasos de Virgen con banda de música. En los primeros, el cambio ha sido más sencillo, en gran medida por la propia tradición musical existente en Ferrol. Sin embargo, en los pasos de palio-virgen, el proceso avanza con más dificultad.
Algunas cofradías han dado pasos importantes en este sentido. Ejemplos en varios pasos de palio-virgen evidencian que una Virgen acompañada por banda de música gana en elegancia, presencia y coherencia estética. La diferencia es notable: no se trata de calidad, sino de estilo, de repertorio y de adecuación a lo que representa cada imagen.
Pese a ello, persisten resistencias. Casos como la Virgen de la Luz de las Angustias, en la Soledad con la Virgen del Perdón y Misericordia, la Cautiva en la Merced o la Virgen de la Esperanza, en Dolores, reflejan que aún falta un impulso definitivo. Especialmente llamativo resulta mantener acompañamientos poco adecuados cuando existen soluciones viables, como incorporar la banda durante el recorrido y reservar los cantos para el final de la procesión, con otra banda.
El primer gran reto, por tanto, es claro: lograr que todos los pasos de Virgen procesionen con banda de música, sin excepciones. No es una cuestión menor, sino un paso necesario hacia una mayor coherencia estética.
El segundo reto apunta a la propia forma de andar de los pasos. No todo vale. No todo encaja. Un paso de Cristo o de misterio no puede ni debe moverse igual que un paso de palio. Sin embargo, en algunos casos se siguen viendo Vírgenes avanzando al ritmo de marchas propias de misterio, con marchas, movimientos bruscos o “chicotás” "bailes" impropios de su carácter. "Menos mal" que en Ferrol en gran público no tiene ni idea de lo que está viendo, que sino otro gallo cantaría.
Esta falta de coherencia rompe la armonía del conjunto. Las marchas están compuestas con un sentido concreto, pensadas para un tipo de imagen y una forma de procesionar. Alterar ese equilibrio supone desvirtuar la esencia de la propia procesión, marcha y paso.
El mensaje es claro: cada paso debe responder a lo que representa. Cristo y misterio, con fuerza y carácter. Virgen, con elegancia, cadencia y solemnidad.
Son dos retos definidos y alcanzables que dependen, en última instancia, de la voluntad de las cofradías. La evolución reciente demuestra que cuando se quiere, se puede.
Ahora, el siguiente paso es culminar ese proceso.
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