Ayer adelantábamos en primicia en El Martillo la creación de una nueva asociación cultural en Ferrol, denominada Asociación Cultural Legado San Juan Evangelista Ferrol, que nace con la intención de desarrollar diferentes actividades relacionadas con la Semana Santa. Algunas ya se han dado a conocer y otras se anunciarán en los próximos días.
Entre todas ellas hay una que, lógicamente, ha despertado especial interés: la creación de una Escuela de Portadores de Galicia.
Y voy a decirlo desde el principio: me parece una iniciativa interesante, novedosa en nuestro entorno y que merece, como mínimo, una oportunidad.
No sé si funcionará. No sé si tendrá continuidad. No sé si conseguirá reunir a las personas necesarias para desarrollar sus objetivos. Eso lo dirá el tiempo. Pero lo que sí tengo claro es que resulta bastante más saludable intentar hacer cosas nuevas que permanecer eternamente instalados en la comodidad de lo conocido.
Porque ese es uno de los grandes problemas de la Semana Santa de Ferrol. Nos hemos acostumbrado tanto a hacer siempre lo mismo que cualquier iniciativa que se salga del guion parece convertirse automáticamente en una amenaza.
Y no debería ser así.
San Fernando, un ejemplo que merece la pena conocer
No hace falta inventar nada ni descubrir fórmulas revolucionarias. Basta con mirar hacia otras ciudades españolas donde la Semana Santa cuenta con una tradición extraordinaria y donde existen asociaciones independientes que desarrollan una labor fundamental en el mundo cofrade.
Un ejemplo es el de los Jóvenes Cargadores Cofrades de San Fernando, en Cádiz.
Se trata de una asociación fundada en 1978 que lleva décadas desarrollando una actividad propia, con su estructura, su local social, sus iniciativas y una especial atención a la formación y a la incorporación de nuevas generaciones.
Precisamente, una de sus recientes iniciativas está dirigida a la creación de grupos infantiles y juveniles, con una idea tan sencilla como importante: garantizar que los niños y jóvenes puedan conocer, aprender y mantener viva una tradición.
Y aquí está una de las claves.
Esta asociación desarrolla su actividad al margen de la estructura orgánica de las hermandades, de los órganos que las agrupan y de las autoridades eclesiásticas, pero eso no significa que trabaje contra ellas. Todo lo contrario. Colabora con las cofradías y participa directamente en la organización de las cuadrillas que portan numerosos pasos procesionales.
Independencia no significa enfrentamiento. Colaboración no significa subordinación.
Son dos conceptos perfectamente compatibles que en otros lugares se entienden con absoluta naturalidad.
¿Por qué en Ferrol nos cuesta tanto comprenderlo?
En Ferrol parece que todo tiene que pasar por los mismos
Aquí tenemos una costumbre bastante preocupante: cuando alguien plantea una actividad relacionada con la Semana Santa fuera de las estructuras habituales, lo primero que hacemos no es analizar la propuesta.
Lo primero es preguntarnos quién está detrás.
¿Quiénes son? ¿De qué cofradía vienen? ¿Con quién se llevan bien? ¿Con quién se llevan mal? ¿Qué pretenden? ¿A quién quieren hacer sombra?
Y así empezamos.
Antes de conocer el proyecto, antes de escuchar sus objetivos y antes de comprobar si puede aportar algo positivo, ya estamos buscando segundas intenciones.
Lo más curioso es que, en demasiadas ocasiones, la aceptación de una iniciativa depende menos de lo que se propone que de quién lo propone.
Si la presentan determinadas personas, todo son facilidades y buenas palabras. Si la presentan otras, aparecen inmediatamente las sospechas, las reservas y las dificultades.
Ese comportamiento es uno de los grandes lastres del Ferrol cofrade.
Nos hemos encerrado en una especie de rutina permanente en la que parecen tener cabida las mismas actividades, las mismas personas, los mismos lugares y las mismas fórmulas de siempre.
Y cuando alguien intenta salirse de ese esquema, poco menos que parece estar cometiendo un pecado mortal.
Así es muy difícil crecer. Así es muy difícil incorporar gente nueva. Y así es muy difícil construir una Semana Santa abierta, dinámica y con capacidad para evolucionar.
El nombre, un error que puede perjudicar al proyecto
Ahora bien, defender la iniciativa no significa aplaudirlo absolutamente todo.
Hay un aspecto de esta nueva asociación que, personalmente, considero desacertado: su denominación y la utilización de la identidad de San Juan Evangelista.
Creo que ahí sus promotores se han equivocado.
No porque no tengan derecho a elegir ese nombre, sino porque una asociación que pretende desarrollar actividades culturales abiertas al conjunto del mundo cofrade debería procurar presentarse desde el primer momento con una identidad lo más amplia y neutral posible.
Utilizar una denominación tan vinculada a una advocación concreta puede provocar precisamente aquello que debería evitarse: que algunos empiecen a identificar el proyecto con determinadas personas, colectivos o sensibilidades.
Y entonces volvemos al problema de siempre.
Que si son estos, que si son los otros, que si vienen de aquí, que si pretenden aquello...
Un debate absurdo que puede acabar desviando la atención de lo verdaderamente importante.
Es cierto que la Escuela de Portadores de Galicia tendrá su propia denominación. Pero seguirá siendo una iniciativa vinculada a esta asociación y, por tanto, la imagen general del proyecto también importa.
Creo que habría sido más acertado elegir un nombre que no invitase a establecer vinculaciones innecesarias.
Dicho esto, sería igualmente absurdo utilizar esa circunstancia como excusa para desacreditar todo lo demás.
La Semana Santa no es patrimonio exclusivo de nadie
Conviene recordar algo que parece que algunos todavía no han entendido: no todo lo que tenga que ver con el mundo cofrade tiene que salir necesariamente de las cofradías, de las juntas de cofradías, de la diócesis o de las asociaciones vinculadas directamente a estas instituciones.
También puede surgir de iniciativas particulares, de grupos de personas o de colectivos y asociaciones culturales que, sin pertenecer orgánicamente a ninguna de esas estructuras, compartan la pasión por la Semana Santa y quieran aportar su trabajo, sus conocimientos y sus ideas.
¿Y qué problema hay en ello? ¿Por qué tenemos que interpretar cualquier iniciativa independiente como una intromisión, una competencia o un desafío a las estructuras tradicionales?
Se puede estar fuera de una cofradía y trabajar por la Semana Santa. Se puede ser independiente y colaborar con las cofradías. Se puede desarrollar un proyecto propio y convertirse en una pieza más de todo lo que rodea a nuestra Semana Santa.
Una cosa no excluye la otra. Al contrario, deberían complementarse y enriquecerse mutuamente.
Las cofradías tienen su función, las juntas de cofradías tienen la suya y la diócesis ejerce las competencias que le corresponden. Pero ninguna de esas realidades debería entenderse como una frontera que impida a otras personas desarrollar actividades culturales, formativas o divulgativas relacionadas con la Semana Santa.
Porque la Semana Santa es mucho más que las procesiones y las estructuras que las organizan. Es cultura, historia, música, patrimonio, formación, convivencia y tradición popular. Y en todos esos ámbitos puede participar mucha más gente de la que habitualmente encontramos dentro de los círculos cofrades.
No todo tiene que nacer dentro para poder formar parte. No todo tiene que estar bajo el mismo paraguas para resultar útil. Y no todo lo que se haga fuera tiene que interpretarse como algo que se hace en contra.
Ya está bien de personalismos, de recelos y de mirar con lupa quién propone cada cosa antes de valorar lo que realmente propone.
Hay que sacarse los complejos de una puñetera vez.
El Ferrol cofrade necesita abrir las puertas y las ventanas, dejar entrar aire fresco y comprender que cuantas más personas y colectivos trabajen por nuestra Semana Santa, mayores serán sus posibilidades de crecer.
Porque colaborar no significa pertenecer, ser independiente no significa enfrentarse y sumar nunca debería ser motivo de sospecha.
Hay que sacudirse los complejos
Ferrol tiene una Semana Santa con historia, patrimonio, tradición y una personalidad propia que merece conservarse.
Pero conservar una tradición no significa condenarla a permanecer inmóvil.
No podemos seguir pensando que cualquier novedad pone en peligro lo que ya existe. Ni que abrir espacios de participación equivale a restar protagonismo a las cofradías.
Deberíamos aspirar precisamente a lo contrario: a que alrededor de nuestra Semana Santa surjan más asociaciones, más actividades culturales, más proyectos de formación, más iniciativas juveniles y más personas dispuestas a trabajar.
Y que lo hagan independientemente de sus amistades, de sus antiguas vinculaciones cofrades o de las simpatías personales que despierten.
Porque las buenas ideas no deberían tener dueño ni necesitar un apellido determinado para ser escuchadas.
La nueva asociación Legado San Juan Evangelista tendrá que demostrar que sus propuestas son serias, que existe capacidad para llevarlas adelante y que su vocación de apertura es real. Nadie tiene por qué concederle un cheque en blanco.
Pero tampoco merece recibir un portazo antes de empezar.
Y esto vale para esta asociación y para cualquier otra que pueda aparecer mañana.
El Ferrol cofrade necesita menos recelos, menos personalismos, menos territorios marcados y menos obsesión por controlar todo lo que sucede a su alrededor.
Necesita más generosidad, más colaboración, más formación y, sobre todo, más capacidad para aceptar que también se pueden hacer cosas interesantes fuera de los círculos habituales.
Ya está bien de mirar con desconfianza a todo aquel que intenta hacer algo diferente.
Quizá la Escuela de Portadores de Galicia termine convirtiéndose en una experiencia importante. Quizá no alcance las expectativas que ahora despierta. Habrá tiempo para comprobarlo y para criticar lo que no funcione.
Pero, por una vez, estaría bien que en Ferrol dejásemos de preguntarnos quién está detrás de una idea y empezásemos a preguntarnos qué puede aportar.
Porque mientras en otras ciudades llevan décadas construyendo proyectos colectivos, aquí seguimos perdiendo demasiado tiempo discutiendo quién tiene derecho a ponerlos en marcha.
El Ferrol cofrade tiene que abrir los ojos, sacudirse los complejos y entender de una vez que sumar nunca debería considerarse una amenaza.
Y que la Semana Santa será más grande cuantas más personas tengan la oportunidad de trabajar por ella, no cuantas más puertas consigamos mantener cerradas.









