Cada vez que en Ferrol se anuncia un acontecimiento «extraordinario» en materia cofrade me hago la misma pregunta: ¿qué tiene realmente de extraordinario?
No discuto la efeméride. Todo lo contrario. Cumplir 275 años de la Congregación de los Siervos de María en Ferrol y de devoción a María Santísima de los Dolores constituye por sí mismo un acontecimiento excepcional. Dos siglos y tres cuartos de historia justifican sobradamente una conmemoración especial.
Precisamente por eso esperaba algo más.
La Cofradía de Dolores ha programado para los próximos días un traslado solemne en Rosario Vespertino, el 4 de septiembre, desde la iglesia de Dolores hasta la Concatedral de San Julián; la salida extraordinaria del día 5, después de la misa de las siete de la tarde; y posteriormente, del 7 al 15, una novena solemne, que concluirá con la fiesta principal de la Virgen.
Todo perfectamente digno. Todo respetable. Todo acorde con la naturaleza religiosa de la celebración.
Pero permítanme la pregunta: ¿dónde están los 275 años?
Porque cultos se celebran todos los años. Traslados hemos visto muchos. Procesiones también. Una novena forma parte de la vida normal de una hermandad y, aunque el Rosario Vespertino sí resulte menos habitual en nuestra ciudad y pueda aportar una nota diferente, cuesta sostener que todo ello convierta por sí solo la conmemoración en ese gran acontecimiento extraordinario que cabría esperar de 275 años de historia.
Y el problema no es solamente el programa.
Es todo lo que no está ocurriendo alrededor de él.
A comienzos de agosto se anunciaron los actos. Un cartel en las redes sociales, la correspondiente comunicación a los cofrades y, desde entonces, prácticamente silencio.
Ha pasado casi un mes.
Y seguimos esperando que empiece a suceder algo.
Porque celebrar 275 años no debería consistir simplemente en anunciar que dentro de unas semanas habrá una procesión y esperar a que llegue el día.
Una efeméride extraordinaria debería ser una oportunidad extraordinaria para hacer cofradía.
¿Dónde están las actividades con los hermanos? ¿Dónde están las convivencias? ¿Dónde está la llamada al grupo joven? ¿Dónde están los encuentros con los portadores? ¿Dónde están las iniciativas destinadas a recuperar a tantos cofrades que probablemente continúan figurando en una nómina pero hace tiempo que dejaron de participar activamente en la vida de la hermandad?
¿Dónde está la divulgación de esos 275 años?
Porque hay nada menos que 275 años para contar.
Historia, fotografías, documentos, patrimonio, recuerdos, testimonios, antiguos cofrades, generaciones de ferrolanos vinculadas a la Virgen de Dolores... Había material suficiente para llenar semanas de actividades y conseguir que Ferrol entendiese por qué esta fecha es verdaderamente excepcional.
No hacía falta organizar grandes acontecimientos ni realizar enormes desembolsos.
Hacía falta generar vida.
Una charla. Una exposición. Un encuentro de antiguos y actuales portadores. Una jornada con los jóvenes. Una convivencia entre hermanos. Una actividad destinada a los niños. Testimonios de quienes llevan décadas en la cofradía. Una campaña diaria contando su historia. Una convocatoria abierta para acercar nuevamente a quienes se fueron alejando.
Algo.
Porque una cofradía no es únicamente una imagen que sale a la calle.
Una cofradía son sus cofrades.
Y si una conmemoración de 275 años no sirve para reunirlos, ilusionarlos y hacerles sentir protagonistas de su propia historia, quizá estemos desaprovechando una oportunidad que ninguno de nosotros volverá a ver.
Después llegará el 5 de septiembre.
Habrá que sacar el paso. Habrá que completar la cuadrilla. Y probablemente volveremos a encontrarnos con una realidad demasiado conocida: el grupo próximo a quienes llevan habitualmente el día a día de la cofradía y una mezcla de portadores conseguida a base de llamadas, contactos y peticiones para lograr cubrir las necesidades de la procesión.
Y entonces volveremos a preguntarnos por qué cuesta tanto encontrar gente.
Quizá habría que formular la pregunta al revés:
¿Qué hemos hecho para conseguir que quieran estar?
No podemos acordarnos de los hermanos cuando necesitamos llenar un hábito ni de los portadores cuando necesitamos llenar un paso.
La participación no se improvisa.
La hermandad se trabaja.
El sentimiento de pertenencia se alimenta.
Y precisamente una celebración como esta ofrecía una ocasión inmejorable para hacerlo.
También resulta difícil entender la comunicación. Se presenta una conmemoración de semejante importancia, se publica un cartel y prácticamente desaparece de la conversación durante semanas.
Una celebración extraordinaria debería generar expectación.
Debería ir creciendo.
Deberíamos llegar al 5 de septiembre después de semanas hablando de Dolores, de su historia, de su Virgen y de sus 275 años. Cada pocos días debería existir un motivo nuevo para recordar que Ferrol está a punto de vivir una conmemoración excepcional.
Sin embargo, la sensación es exactamente la contraria: se anunció y se dejó esperando en un cartel.
Y conviene aclararlo para que nadie confunda la crítica.
Aquí no se cuestiona la devoción a María Santísima de los Dolores. Tampoco el valor religioso de una novena, un rosario, una misa o una procesión. Ni mucho menos el trabajo de quienes dedican gratuitamente su tiempo a una cofradía.
Se cuestiona la manera de gestionar una oportunidad excepcional.
Porque los 275 años no volverán.
Los 276 llegarán el próximo año. Los 277, después. Pero el 275 aniversario solamente ocurre una vez.
Y daba para mucho más que un traslado, una procesión y una novena.
Daba para abrir la cofradía.
Daba para recuperar hermanos.
Daba para fortalecer el grupo joven.
Daba para reunir a los portadores.
Daba para enseñar su patrimonio y su historia.
Daba para acercarse a Ferrol.
Daba, sobre todo, para hacer hermandad.
Todavía quedan días y ojalá aparezcan iniciativas que cambien esta impresión.
Pero hasta ahora, después de casi un mes desde la presentación de los actos, cuesta encontrar la excepcionalidad más allá de la propia efeméride.
Extraordinarios son los 275 años.
Extraordinaria es la historia que hay detrás.
Extraordinaria merece ser la celebración.
Porque poner «SALIDA EXTRAORDINARIA» en letras grandes sobre un cartel no convierte automáticamente en extraordinario todo lo demás.
Y una fecha que ha necesitado 275 años para llegar merecía bastante más que esperar en silencio a que llegue el día 5.






