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El Martillo.- Diario de los Cofrades

DOMINGO DE RAMOS 2027 (21 al 28 MARZO)
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jueves, 30 de abril de 2026

Artículo de Opinión por Juan Galego: "Las cofradías que no están, no existen"

Hoy vuelvo a pasear por el centro de Ferrol en una jornada de esas que cambian de nombre cada año —Fashion Night, Fashion Fest o como toque llamarla esta vez— pero que, en el fondo, persiguen lo mismo: llenar las calles, activar el comercio, darle vida a la ciudad. Y lo consiguen. Hay ambiente, hay gente, hay movimiento. Pero, mientras observo todo esto, no puedo evitar pensar en quién no está.

Y lo que más me llama la atención, una vez más, es la ausencia de las cofradías.

No lo entiendo. Sinceramente, no lo entiendo. Estamos hablando de entidades que forman parte de la identidad de Ferrol, que movilizan a miles de personas durante la Semana Santa, que tienen historia, patrimonio, proyectos… ¿y el resto del año qué? Desaparecen. Como si no existieran.

Hoy sería un día perfecto para estar aquí. No hace falta montar nada espectacular: un pequeño local, un stand sencillo, algo de material, ganas de contar lo que son y lo que hacen. Explicar qué es una cofradía, enseñar su trabajo, mostrar sus proyectos, vender algo de merchandising o incluso recoger donativos. Así de simple.

Porque necesidades tienen, y muchas. Renovación de imágenes, nuevos tronos, mejoras en el patrimonio… Todo eso cuesta dinero. Pero también requiere algo igual de importante: visibilidad. Y hoy la visibilidad está en la calle.

Me sorprende todavía más cuando sé que, en los últimos tiempos, a las cofradías no les resulta tan complicado conseguir locales en el centro. Entonces, ¿qué falla? ¿De verdad no hay nadie con iniciativa? ¿Nadie que piense que esto es una oportunidad?

Y aquí es donde no puedo evitar preguntarme por el papel de la junta de cofradías. ¿Para qué está, si no es para coordinar, proponer, facilitar este tipo de cosas? ¿Tan difícil es hablar con el comercio del barrio de A Magdalena y organizar la presencia conjunta de nuestras Hermandades, aunque fuera? No se trata de que cada uno vaya por su cuenta, sino justo de lo contrario: de sumar.

Van entidades sociales, van clubes deportivos. Participan, se dan a conocer, suman abonados, colaboradores, vendes sus productos. ¿Y las Cofradías? ¿No hay nadie con dos dedos de frente para ver una oportunidad en este tipo de eventos?

Porque, al final, esto va de algo muy sencillo: si no estás, no existes.

Y hoy, en Ferrol, las cofradías no están.



Artículo de opinión por Juan Galego: Disfrazar no es vestir: una llamada al sentido común en el cuidado de nuestras imágenes

Vamos con un clásico que desgraciadamente no acabamos de resolver. Ni en Dolores, ni en muchas otras Cofradías. 

Lo digo sin rodeos, porque a estas alturas ya no caben paños calientes: lo que se está haciendo con algunas imágenes no es vestirlas, es disfrazarlas. Y no, no es lo mismo. Cada vez que llega un cambio de tiempo litúrgico parece abrirse un concurso improvisado de ocurrencias donde todo vale, donde se tiran de remiendos, de piezas sueltas, de soluciones rápidas que lo único que consiguen es desvirtuar por completo la identidad de la imagen.

A mí, personalmente, me duele verlo. Porque detrás de cada imagen hay una historia, una devoción y una personalidad propia que no puede ni debe alterarse a base de experimentos. Vestir una imagen no es “probar a ver qué tal queda”, ni adaptar cuatro telas sin criterio. Vestir una imagen exige conocimiento, respeto y, sobre todo, medios.

Y aquí está la clave de todo: el ajuar.

Si una cofradía quiere adaptar sus imágenes a los distintos tiempos litúrgicos o incluso a épocas del año concretas, lo primero que tiene que hacer es asumir una responsabilidad básica: dotarlas de un ajuar propio y adecuado. No hace falta que sea suntuoso ni bordado en oro. Basta con que sea digno, coherente y pensado específicamente para cada imagen y cada momento. Lo que no se puede hacer es improvisar constantemente, reutilizar piezas sin sentido y terminar creando un resultado que roza lo grotesco.

Porque cuando no hay ajuar, lo que hay es parche. Y cuando hay parche, lo que hay es disfraz.

Curiosamente, en Semana Santa esto no ocurre —o al menos no con la misma intensidad—. ¿Por qué? Muy sencillo: porque para ese momento sí existe un ajuar consolidado, trabajado durante años, acorde a la imagen y a su función procesional. Ahí todo encaja, todo tiene sentido. No es casualidad, es planificación.

Entonces, ¿por qué fuera de ese contexto se permite todo? ¿Por qué se acepta lo que claramente no está a la altura?

No se trata de prohibir cambios ni de cerrar la puerta a nuevas iniciativas. Se trata de hacer las cosas bien. De entender que antes de vestir hay que invertir, que antes de innovar hay que construir una base sólida. Que no todo vale en nombre de la creatividad.

Así que menos inventos y más responsabilidad. Si de verdad se quiere vestir a las imágenes conforme a los tiempos litúrgicos o a cualquier otro criterio, el camino es claro: primero, ajuar. Después, criterio. Y solo entonces, vestir.

Todo lo demás sobra.

Y a algunos cofrades los tenemos que enviar a un cursillo, porque muchos después de tantos años siguen en el mismo sitio atascados y tampoco evolucionan. Esto no va de bonito o de feo. Hay gente que ve a una imagen y siempre está bonita o está fea. Y esto no va de eso de bonito o feo. Esto va de devoción y de si la imagen va acorde a esa devoción, a su identidad y a lo que representa. Cada imagen tiene una función y debe de ir acorde a ella, a lo que representa. Los colores y la forma de vestir es por algo. No todo vale. Si una imagen no va acorde a lo que representa o se representa en cada momento de una forma improvisada y sin criterio como en el caso que nos ocupa, no va bonita ni fea. Va mal. Va mal. Muy mal. Así de sencillo. Porque lo del Nazareno de Dolores como lo han puesto es para meter en la "cárcel" al autor de tal desvarío, y el presidente y resto de la Junta, detrás. Y de la virgen de Dolores mejor no hablamos porque llueve sobre mojado. Es una detrás de otra. Y la Junta como suelen decir como argumento  "que no hay otro, que vamos hacer". Pues no hagáis nada, seguir mirando para otro lado. Que es lo que lleváis haciendo en este particular desde que habéis llegado.



viernes, 24 de abril de 2026

Sevilla en Semana Santa: mi experiencia después de muchos años yendo

Hoy comparto con vosotros algo que tenía pendiente y que mucha gente me había pedido. ¿Cómo es Sevilla en Semana Santa? y sobre todo ¿Cómo actuar? ¿Cómo moverse?....

La Semana Santa de Sevilla es, para mí, una de las celebraciones más impresionantes que se pueden vivir. Pero también tengo claro que no es para todo el mundo. Después de tantos años viajando allí, creo que hay una serie de cosas que hay que tener muy claras antes de ir por primera vez.

Lo primero que siempre digo es que a Sevilla en Semana Santa no se puede ir “a ver qué tal”. A Sevilla tienes que ir porque te gusta la Semana Santa, y mucho. Durante esos días la ciudad se colapsa y todo gira alrededor de las cofradías. No hay prácticamente otra cosa que hacer ni que ver. Si no te entusiasma de verdad, lo más probable es que te agobies. Si es así, te recomiendo no ir.

Yo recomiendo que el primer año no vayas solo, sino con alguien que ya haya estado. Más que nada porque muchos de los planes que hagas no te van a salir como esperas. Hay tanta gente y tantas variables que es fácil frustrarse.

Y si no es alguien con experiencia, al menos que sea alguien que esté a tu mismo nivel de afición. Porque aquí se cumple perfectamente eso de que es mejor ir solo que mal acompañado. Como la otra persona no vaya a tu ritmo o no le guste tanto, te puede fastidiar la experiencia.

Además, mi consejo es que el primer año no intentes hacer toda la semana. Vete unos días, al principio o al final, prueba, mira si te adaptas y si realmente es lo tuyo. Si lo es ya te va a enganchar de por sí, y el año que viene querrás ir ya toda la semana. Porque Sevilla "atrapa" y lo normal es que luego repitas siempre.

Hay que llevar un plan. Eso es fundamental. Mirar horarios, recorridos, hacerte una idea de por dónde moverte… todo eso ayuda muchísimo. No trates de hacer el plan el mismo día o el día anterior. Mira todo bien antes. Yo te recomiendo que al principio vayas a buscar las Cofradías y no te quedes en un sitio fijo. Así va a ser posible que puedas ver todo. Quedándote en un sitio fijo seguro que no lo verás todo porque se te van a atropellar los horarios.

Pero también te digo una cosa: lo normal es que muchos de esos planes no se cumplan. Y ahí está la clave, en saber adaptarse sobre la marcha.

En Sevilla es casi imposible verlo todo en tus primeras experiencias, a no ser que vayas con un "experto" en la materia. Es cierto que hay algunos días que es más fácil que otros por el tipo de Cofradías, horarios o lugares por donde pasa. Días como el Viernes o Sábado Santo no son muy complicados. Pero lo normal, es que al principio aunque estés todo el día en la calle, no te da. Es vital saber moverse y saber donde ver cada Cofradía. Cada Cofradía tiene un sitio especial en donde poder verla. Y no porque vaya todo el mundo, sino porque te guste a ti verla en ese lugar.

Yo he probado las dos formas: quedarme en un sitio esperando a que pase una cofradía entera o moverme constantemente. Y al final, si quieres ver mucho, tienes que hacer lo que hacen los sevillanos: ver pasos sueltos e ir a buscar el siguiente, y así todo el rato. Pero claro, para eso hay que saber moverse por la ciudad y esquivar las "bullas" o ir con un local o con un "experto".

Ves un misterio en un sitio, en cuanto pase te vas a otro punto a ver otro paso, y así todo el día. No tiene un orden lógico, pero es la única manera de abarcar más.

Porque allí, siendo claros, a la gente le interesan los pasos. Los nazarenos, al principio te llaman la atención, pero cuando llevas varios años viendo lo mismo, ya no tanto. Lo que quieres ver es a los pasos. Allí toda la prioridad es para los pasos y todo gira en torno a los pasos. 

Una de las cosas que más me gustan de Sevilla es que siempre hay algo que hacer. Por la mañana, lo habitual es ir a ver las iglesias donde están los pasos preparados de las cofradías que salen ese día.

Eso sí, si lo haces, hazlo temprano. Como vayas tarde, te comes colas enormes y al final pasas más tiempo esperando que disfrutando.

En Sevilla hay cosas que nadie te explica, pero que tienes que entender rápido.

Cuando un paso está delante, se guarda silencio  absoluto. Da igual la cantidad de gente que haya. Si no guardas silencio seguro que más de uno te haré saber que tienes que guardarlo. 

Si hay una saeta o una marcha, se escucha y se aplaude al final… salvo que sea una cofradía de silencio. Ahí no se aplaude. De hecho, a los pasos de silencio no se aplaude nunca.

Luego sí, al resto de Cofradías se aplauden las levantás, las chicotás, un solo de corneta… pero hay momentos en los que el respeto es total.

Hay detalles que al principio sorprenden. Por ejemplo, ver a niños en los primeros tramos del cortejo acompañados por sus padres con acreditación. Pero es lógico: están horas en la calle y necesitan atención. No están dos horas, están diez o mas. No caminan poco más de un kilómetro como aquí, hacen 4, 5 o más, dependiendo de la Hermandad. 

También te choca cómo se mueve la gente. Y aquí hay que tener una cosa clara: la calle no es tuya.

Aunque lleves media hora esperando en un sitio, la gente va a pasar. Y tú te vas a tener que mover. Es incómodo a veces, pero es que no hay otra forma de que la ciudad funcione esos días. Y con eso no quiero decir que si tienes un lugar privilegiado para ver pasar una Cofradía que permitas que alguien se ponga delante. No hablo de eso. Hablo de dejar pasar a la gente en cualquier momento. Allí es lo habitual. Eso sí, las sillitas están prohibidas, aunque siempre hay quien se lo salta.

Comer puede ser tan caro o tan barato como quieras. Hay packs de bocadillos con bebida bastante económicos, bares, restaurantes para todos los bolsillos como en todos lados… o puedes tirar de mochila y apañarte el día. Hay mucha gente que va preparado con mochila para pasar el día y lleva todo lo necesario. Allí se estila mucho lo de aprovisionarse en el super antes de traer las cosas de casas. Allí los supermercados abren todos los días mañana y tarde. Festivos incluidos. 

Lo peor, sin duda, es el alojamiento. Es caro, muy caro. Incluso reservando con tiempo. 

Puedes tirar de albergue, que es más barato, pero compartiendo habitación, ahí te podrías ir a los 300/400 la semana. O irte a hotel o pensión y pagar bastante más. Para toda la semana ronda casi los mil euros, y cosas de lo más normalito. Si vais varios mirando con tiempo os puede compensar alquilar un apartamento. 

Yo, por experiencia, prefiero estar en el centro. Es más caro, sí, pero poder retirarte un rato a descansar en momentos de cansancio, te la la vida, ducharte y volver a salir no tiene precio en días tan largos.

Yo suelo viajar en avión. Es cierto que cada vez es más caro, pero sigue siendo muy barato para las fechas, pero cogiéndolo con antelación puedes pillar precios interesantes. Hablo 50 euros ida y otros tantos vuelta. Pero hay que hacerle seguimiento desde que los cuelgan por primera vez. Antes eran más baratos porque estaba la competencia de Ryanair, pero ahora solo opera a Sevilla Vueling y directo solo desde Santiago, osea que...

La Madrugá es uno de los momentos más duros y más especiales.

Yo lo tengo claro: no intento aguantarla entera. Veo las primeras cofradías —por ejemplo, El Silencio, el el Gran Poder y a lo mejor alguna mas, la Macarena— y me voy a dormir.

Luego me levanto temprano, sobre las seis de la mañana, y continúo. Así llegas con fuerzas y disfrutas mucho más. Y las ves mas cómodo y sin agobios. Los turistas no saben como funciona y se destrozan el cuerpo toda la noche detrás de las Cofradías, y luego ya no pueden con el "culo" y se van. Ahí es cuando vuelven los sevillanos y la gente que sabe para disfrutar con mucha comodidad de todo. 

Después de ir a Sevilla, la forma en la que ves otras Semanas Santas cambia. No es que una sea mejor que otra, es que entiendes muchas cosas de otra manera. Detalles, formas de hacer, organización… todo tiene una lógica y cuando la ves allí, la comprendes. Para mí, Sevilla marca un antes y un después. Y si te gusta de verdad esto, es una experiencia que tienes que vivir al menos una vez. A la mayoría les atrapa y ya no pueden volver a lo anterior. Y tiene su lógica.

Pero sabiendo a lo que vas.






viernes, 17 de abril de 2026

Artículo de Opinión por Juan Galego: " Fracasa el intento de revitalizar la Banda de las Angustias"

Llevo tiempo hablando de la situación de la Banda de las Angustias, y lo cierto es que la preocupación sigue siendo la misma. Ya durante la pasada Cuaresma se evidenciaba un estado delicado, marcado por la falta de componentes, numerosas bajas y una evidente pérdida de fuerza que hacía temer por su continuidad a corto plazo. Una situación que en mayor o menor medida ya persigue a la banda desde hace unos años. 

En ese contexto, he podido saber que un grupo de músicos —muchos de ellos con vínculos sentimentales y trayectoria previa en la propia formación— dio un paso al frente hace pocos años. Su intención era clara: impulsar un nuevo proyecto que sirviera para reflotar la banda, aportando no solo efectivos, sino también ideas renovadas, organización y una ilusión que considero imprescindible para revertir la situación actual.

La propuesta pasaba por integrar en la Banda de las Angustias un proyecto parecido al proyecto de la banda de cornetas y tambores del Santísimo Cristo de la Expiración, una iniciativa que contaba con base sólida y predisposición para crecer bajo el amparo de la cofradía. Sin embargo, la respuesta que recibieron en aquel entonces fue negativa. Ante eso, algunos de los que en aquel momento tendieron la mano a las Angustias, no han tirado el proyecto a la basura, y ahora junto a otra gente, han decidido ejecutarlo en solitario, aunque fuera bastante tiempo después. 

Desde mi punto de vista, en aquel entonces la Cofradía ya ha perdido una oportunidad real de dar un impulso decisivo a una formación que, a día de hoy, sigue mostrando claros síntomas de debilidad y que está mas cerca de la desaparición que de la continuidad. Más aún con la llegada de la nueva banda, que arrastrará con el nuevo proyecto a nuevos músicos, que como es normal, apostarán por la novedad en lugar de otro proyecto que parece acabado y moribundo. 

El problema de efectivos en la banda de las Angustias ha sido una constante desde hace muchos años. Creo que este tipo de decisiones deberían de hacer reflexionar a más de uno. Sobre todo a aquellos que toman las decisiones. No creo que la situación actual y de los últimos años de la banda sean para andar desperdiciando ocasiones y ayuda y oportunidades de colaboración.

Pero bueno, cosas que pasan.



jueves, 9 de abril de 2026

Artículo de opinión por Juan Galego: "Dolores necesita una ruptura para volver a ser lo que fue"

Llevo años diciendo lo mismo, y el tiempo, una vez más, me ha dado la razón.

Desde que este blog comenzó en 2008, he opinado, me he equivocado muchas veces y también he acertado en otras tantas. Pero hay una idea que he defendido con firmeza desde el primer día: mezclar estructuras ajenas dentro de una cofradía nunca funciona. Y lo que ocurrió con la incorporación del tercio de Cristo Rey no fue una excepción, fue el ejemplo perfecto.

Lo dije entonces y lo repito ahora: fue un error garrafal.

Una cofradía no se construye con retales. Una cofradía tiene identidad, historia y una forma de hacer las cosas que no puede diluirse en experimentos. Introducir un tercio ajeno, con otra procedencia, otra mentalidad y otra manera de entender la vida cofrade, solo podía traer lo que estamos viendo hoy: conflictos, tensiones y una convivencia imposible.

Porque ese es el verdadero problema: aquí nadie quiere adaptarse.
Y cuando no hay adaptación, lo que hay es choque.

No voy a entrar en quién tiene la culpa en las tensiones actuales. No me interesa. El fondo es mucho más importante: el modelo está roto.

Y lo que hemos visto este año, con la participación de Cristo Rey en procesiones ajenas, disfrazada bajo diferentes nombres, no es más que la confirmación de ese fracaso. Se le puede llamar como se quiera, pero la realidad es evidente: se han saltado las normas de la cofradía a la que pertenecen.

Eso, sencillamente, no es aceptable.

Si formas parte de una cofradía, estás sujeto a sus reglas. Si no te gustan, hay una salida muy clara: marcharte. Pero lo que no se puede hacer es quedarse dentro y actuar como si estuvieras fuera.

Por eso lo digo sin rodeos: esta unión está agotada.

Y cuanto antes se rompa, mejor para todos.

Cristo Rey tiene base suficiente para caminar por su cuenta: colegio, juventud, estructura, recursos. Si creen en su proyecto, que lo desarrollen de forma independiente, siguiendo los pasos necesarios. Porque una cofradía no se improvisa, se construye con tiempo, con normas y con responsabilidad.

Ahora bien, también lo tengo claro: separarse no será gratis.

Porque fuera de una estructura consolidada como Dolores, la realidad es otra. Menos salidas, menos presencia, menos oportunidades. Y eso, especialmente para los más jóvenes, puede marcar la diferencia. No es lo mismo salir varios días que uno solo. Y ahí es donde pueden venir los verdaderos problemas internos para Cristo Rey si finalmente se rompe la unión, como parece que acabará rompiendo.

Pero incluso con ese coste, la separación sigue siendo la mejor opción.

Porque lo que hay ahora es insostenible.

Y aquí es donde quiero ser especialmente claro: el problema de fondo no es solo Cristo Rey. El problema es mucho más profundo. El verdadero cáncer de la cofradía de Dolores es su modelo organizativo.

Demasiados tercios.
Demasiados intereses.
Demasiados reinos de taifas.

Y una junta de gobierno incapaz de ejercer un control real.

Así no hay quien gobierne nada.

Se podrá maquillar la situación durante un tiempo, dependiendo de quién esté al frente, pero el problema estructural seguirá ahí. Y tarde o temprano, volverá a explotar.

Por eso creo que ha llegado el momento de dejarse de parches y afrontar la realidad con valentía.

Dolores necesita un cambio drástico.

No pequeños ajustes. No soluciones temporales. No equilibrios imposibles.

Necesita una refundación.

Una ruptura clara con el modelo actual. Separar lo que nunca debió mezclarse. Recuperar una identidad única y coherente. Volver a ser una sola cofradía, con una sola dirección y un solo criterio.

Y todo lo demás, que camine por su cuenta.

Compartiendo espacio si hace falta, pero no estructura, no gobierno, no identidad.

Porque lo que tenemos ahora no es una cofradía.

Es un monstruo ingobernable.

Y mientras no se entienda eso, mientras no haya voluntad real de cambiarlo, seguiremos exactamente igual: con conflictos, con tensiones y con un deterioro constante que, poco a poco, irá pasando factura.

Yo lo tengo claro.

O hay una ruptura valiente…
o no habrá solución.

Dolores tiene que ser Dolores. Y lo que se ha ido incorporando progresivamente a lo largo de los años se pueden ir formando como Cofradías independientes, pudiendo incluso compartir en algún caso sede canónica. 

Sé que para las generaciones más jóvenes puede resultar muy chocante, porque han nacido con esto. Pero así, esto está mas cerca de la disolución que de la consolidación.

Pero como le dije a un buen amigo en 2008. Esto así, no tiene solución. Desde dicha afirmación vamos camino de los 20 años, y seguimos en el mismo punto, con los mismo problemas y en el mismo estancamiento organizativo y de identidad. 

Con todo los respetos. Dolores tiene dos Titulares; Cristo de la Misericordia y Virgen de Dolores. Y cuando un integrante mira más por la Esperanza, Armagura... Es que tenemos un problema serio.

Para los que me estáis preguntando por mensaje que es para mi Dolores. Para mi Dolores, hablando de imágenes y tercios (antes Cofradías) es todo lo que ha venido de la unión de las Cofradías del Cristo de la Misericordia y la Virgen de Dolores:

Cristo de la Misericordia

Virgen de Dolores

Nazareno 

Verónica 

Piedad 

San Juan

Oración en el Huerto

Jesús de la Columna

Todo lo demás es posterior. Y ahí es donde tiene que empezar la ruptura y el camino por separado en diferentes Cofradías. 

Creo firmemente que tiene que volver todo al sitio. Así vamos camino de la disolución. Podrá ser antes o después. Pues así vamos muy mal



Artículo de opinión por Juan Galego: "Solidaridad mal entendida: cuando la Cofradía falla a los suyos"

Hay debates que se alargan más de lo que deberían, y el de las flores es uno de ellos. No por su importancia, sino por cómo se ha gestionado. Y aquí no hay matices que valgan: cuando algo se hace mal desde la base, todo lo que viene después es ruido, malestar y una sensación general de injusticia que se podría haber evitado.

Hablo con conocimiento de causa. He trabajado durante años en entidades sociales, gestionando, coordinando y participando en procesos de donación. Sé perfectamente lo que significa pedir colaboración, lo que implica apelar a la solidaridad y, sobre todo, lo que hay que hacer para que una iniciativa así funcione. Y hay una palabra clave que aquí ha vuelto a fallar: comunicación.

La Cofradía de Dolores ha vuelto a tropezar en lo mismo. Notas internas, mensajes entre tercios, información fragmentada… todo muy de puertas para dentro. Pero cuando se plantea una acción que afecta a toda la cofradía —y potencialmente al público general—, no basta con comunicados internos. Hace falta claridad, transparencia y, sobre todo, apertura.

Porque la pregunta es evidente: ¿quién tiene que ser solidario aquí? Tal y como se ha planteado, parece que únicamente los cofrades y los portadores. Y no, eso no es solidaridad, eso es cargar la responsabilidad siempre sobre los mismos. Sobre quienes ya están pagando una cuota, sobre quienes ya participan activamente, sobre quienes sostienen la cofradía desde dentro.

¿De verdad alguien se ha parado a pensar que puede haber cofrades o portadores que no estén en condiciones de pagar esas flores? ¿Que la solidaridad también puede ser necesaria dentro, no solo hacia fuera? Es una reflexión básica que, una vez más, parece que nadie ha hecho.

Si se quiere organizar una iniciativa solidaria, hay que hacerlo bien. Y ejemplos hay. La Cofradía de las Angustias lleva años demostrando cómo se hacen estas cosas: comunicación clara, publicidad suficiente, condiciones bien explicadas y un planteamiento que no genera dudas ni agravios. No es tan difícil: basta con mirar, aprender y aplicar. Y sobre todo, mantener todos los años las mismas reglas de "juego".

Aquí, en cambio, seguimos con el modelo de “cada tercio por su lado”, como si la cofradía no fuera una sola. Y ese es otro problema de fondo: la falta de unidad. No pueden existir reinos de taifas dentro de una misma organización. No puede haber mensajes distintos según quién los reciba. Tiene que haber un único criterio, una única comunicación y una única forma de hacer las cosas.

Y luego está la cuestión de fondo, la que más molesta: la equiparación injusta. No se puede tratar igual a un cofrade o a un portador —que forman parte de la cofradía, que aportan económicamente y que participan activamente— que a alguien que viene de fuera. No es elitismo, es sentido común.

Lo mínimo exigible sería reconocer esa implicación con algún tipo de prioridad o beneficio básico. Por ejemplo, que puedan disponer de un par de flores sin coste. A partir de ahí, quien quiera colaborar más, que lo haga. Porque la solidaridad, por definición, es voluntaria, no impuesta ni disfrazada de obligación.

Lo que no se puede hacer es diseñar una iniciativa mal comunicada, mal planteada y que, encima, recae siempre sobre los mismos. Así no se construye comunidad, así se genera desgaste.

Y lo peor de todo es que no estamos ante un problema nuevo. Es un error repetido. Y cuando los errores se repiten, ya no son fallos: son una forma de hacer las cosas que alguien debería empezar a cuestionar seriamente.

¿De verdad la Cofradía quiere hacer acción social a costa de sus asociados o solo con ellos en un momento tan mediático como es Ferrol la Semana Santa?, ¿no tendría más éxito el hacer un comunicado de prensa, una nota en los conductos oficiales de la Cofradía o en las propias retransmisiones televisivas de sus procesiones, con tiempo suficiente y repitiéndolo las veces que sea necesario explicando a la ciudadanía la forma de poder adquirir un flor de uno de los pasos y de paso colaborar con esa iniciativa solidaria? Después a lo largo del año ya hay otras acciones sociales que digamos son más exclusivamente para los que componen la Cofradía. Pero en un momento tan mediático, en el que el público en general está enganchado y muchos "mueren" por llevarse una flor de los tronos, y no somos capaces de captar la atención y las donaciones de este público dispuesto. Vuelve a fallar la comunicación. Como veis la comunicación es la clave de todo, y en esta y resto de Cofradías en la mayor parte de las situaciones brilla por su ausencia. Si no sois capaces de hacer desde la Junta de Gobierno esta simple lectura, lo siento mucho, pero no sé que hacéis dirigiendo una entidad en la que uno de sus pilares es la caridad y la solidaridad. 

De verdad es tan difícil la planificación. La comunicación. A mi lo que realmente me parece es que la Cofradía de Dolores, con el tirón que tiene, ha vuelto a perder una oportunidad de oro de conseguir una gran recaudación para una acción solidaria, y todo por inacción, dejadez o un desconocimiento alarmante de sus dirigentes. 



martes, 7 de abril de 2026

Artículo de Opinión por Juan Galego: "Una Semana Santa correcta en la calle, pero apagada en la comunicación"

Ahora que ha terminado la Semana Santa, toca hacer balance. Y si bien es indiscutible que lo vivido en las calles ha sido bastante bueno, hay un aspecto que, a mi juicio, ha dejado mucho que desear: la comunicación de las cofradías.

Lo digo con cierta decepción, porque no siempre fue así. En años anteriores se había avanzado de manera notable en el uso de redes sociales, páginas web y canales informativos. Se percibía una voluntad de apertura, de contar lo que se hacía y de acercar la Semana Santa a más gente. Sin embargo, este año se ha producido un retroceso evidente.

Salvo el trabajo de la Junta de Cofradías, que cuenta con un servicio profesional y ha mantenido un nivel informativo correcto —aunque necesariamente generalista—, el resto de cofradías han ofrecido, en líneas generales, una imagen muy pobre en este ámbito. En algunos casos, el silencio ha sido prácticamente absoluto, incluso en plena Cuaresma y Semana Santa, que debería ser el momento de mayor actividad comunicativa.

Resulta especialmente llamativo el caso de hermandades que en su día fueron referencia en redes sociales y que ahora han perdido completamente ese liderazgo. Otras, que nunca destacaron por su capacidad informativa, han mantenido esa misma línea sin mostrar intención alguna de mejora. Y algunas más, que parecían querer dar pasos adelante, se han quedado a medio camino justo en los momentos clave.

El problema no es solo la falta de publicaciones, sino la ausencia de una estrategia clara. La información ha llegado tarde, escasa o, directamente, no ha llegado. Y eso es especialmente grave cuando hablamos de una celebración que vive, en gran medida, de su capacidad para emocionar, atraer y conectar con la gente.

No alcanzo a entender cierto hermetismo en torno a novedades, actos o cambios. La comunicación no resta valor a la tradición; al contrario, la potencia. Dar a conocer lo que se prepara, explicar los detalles, generar expectación, presentarlos previamente informando con tiempo de ello… todo eso forma parte, hoy en día, de cualquier evento que aspire a tener proyección. Ocultar o no comunicar supone, simplemente, perder oportunidades.

Además, se echa en falta algo que en otras ciudades ya es habitual: la presencia activa en redes durante las propias procesiones. Equipos —muchas veces formados por jóvenes cofrades— que documentan en tiempo real lo que ocurre, compartiendo imágenes, vídeos y sensaciones. No se trata solo de modernidad, sino de accesibilidad: de pensar en quienes no pueden estar presentes y quieren vivir la Semana Santa desde fuera.

En Ferrol, esa dimensión sigue siendo una asignatura pendiente. Y es una lástima, porque el potencial es enorme.

Tampoco ayuda que, una vez finalizada la Semana Santa, el silencio continúe. No hay balances, no hay valoraciones, no hay continuidad. Es como si todo terminase de golpe, sin cerrar el ciclo ni aprovechar el interés generado.

Creo sinceramente que ha llegado el momento de replantear este aspecto. La comunicación no es un complemento, es una herramienta fundamental. No sustituye a la tradición, pero sí la acompaña, la amplifica y la proyecta.

La Semana Santa de Ferrol ha demostrado que puede ser grande en la calle. Ahora necesita serlo también en la manera de contarse. Fuera hermetismos y sobre todo, fuera secretismos. Hagamos que la Semana Santa y las Cofradías sean de todos y para todos. 

Y por favor, mas rigor con el dinero de los contribuyentes. Mas respeto por el procesionario. Tenemos todo un año para planificar. Si sabemos que tiene que estar cerrado por temas de imprenta en diciembre, creo que no es tan complicado cerrar todo (horarios, recorridos...) para entonces. Evidentemente pueden surgir imprevistos de última hora que fuercen a algún cambio, para eso está el QR, pero que no sirva de disculpa el QR para aplicar la dejadez y la intención de que todo vaya lo mas correcto posible en papel. Pero por favor, tengamos todo decido para entonces. 



domingo, 5 de abril de 2026

Estoy de vuelta. Mañana entramos en materia con temas escabrosos. Abrochen cintos que vienen curvas

Tras mi ausencia desde el Miércoles Santo hasta hoy, informo que en los próximos días procederé al análisis detallado de los distintas procesiones celebradas en Ferrol durante la Semana Santa. Hasta el Miércoles Santo ya las publiqué antes de irme. Empezamos con el Jueves Santo.

Este análisis lo llevaré a cabo a partir de material audiovisual, incluyendo vídeos y fotografías, así como del seguimiento realizado a través de redes sociales. Esto me permitirá ofrecer una valoración general sobre aspectos como el desarrollo de los pasos, el orden de las procesiones y la impresión global de cada jornada. No obstante, considero importante señalar que determinados elementos, como la puntualidad exacta o los tiempos de paso de cada recorrido, no podré evaluarlos con total precisión al no haber estado presente in situ.

Las correspondientes crónicas y valoraciones las iré publicando de manera progresiva a lo largo de los próximos días.

Asimismo, abordaré cuestiones de actualidad relacionadas con el desarrollo de la Semana Santa, entre ellas los hechos ocurridos en “Caladiños” que me parece una falta de respeto de los gordos por parte de la Cofradía de Dolores y que no tiene ningún tipo de disculpa ni justificación. Y lo más triste y penoso de la situación es que está finalizando el Domingo de Resurrección, y no solo no han pedido disculpas, sino que no han tenido la delicadeza de publicar un escrito explicando los motivos después de tal desprecio. Luego saldrán otra vez en las redes a publicar el número de cuenta de la Cofradia para que la gente (a la que acabas de ningunear y despreciar) siga colaborando con el manto. Después de lo del Viernes aún tendrán la caradura.

Por otro lado, quiero señalar que, según diversas informaciones que manejo se vienen en los próximos días dimisiones en Dolores. Atentos!!! 

Y como comenté en el último escrito, lo de las flores ya no tiene nombre. Me parece tremendo el mercadeo. Entraremos también en materia. 

Por cierto. Una cosa. Uno de los motivos por los que abrí en el año 2008 el blog fue para intentar hacer crítica a las Cofradías por aquellas cosas que a mi juicio se hacían mal y contar a través de los comentarios con todos vosotros para conocer vuestra opinión y sentir sobre todo lo relacionado con las mismas. Creo que esto ha servido de alguna manera para que entre la opinión de todos, las Cofradías fueran corrigiendo las cosas. Otro de los motivos era crear un espacio en el que se dijera que no todo se hacía bien, porque hasta entonces las Cofradías solo se felicitaban entre sí por lo maravillosamente bien que hacían todo, y que con el tiempo se ha ido demostrando que muy maravillosamente bien no hicieron muchas de las cosas, pues muchísimas de ellas fueron rectificándolas a través de los años y en donde en la mayoría de los sitios las imágenes duran siglos, en Ferrol apenas duraron una década. 

Y porque digo lo anterior, pues porque cada vez hay más páginas cofrades en Ferrol en redes sociales, blogs… y es todo una balsa de aceite. Todo!! Todo es maravilloso. Algunas parecen sucursales de las Cofradías. Amig@s no digo que sigáis la línea editorial del Martillo, pero coño, que están pasando muchas cosas y hay que mojar el culo de vez en cuando y no mirar para otro lado. Hay que decir lo bueno y lo malo. Que para decir lo bueno solo ya están los conductos oficiales. 






martes, 31 de marzo de 2026

Más ágil y brillante en la calle, con mejoras en ritmo y ejecución, pero al cortejo le sigue faltando identidad

El Lunes Santo dejó una jornada de sensaciones positivas con la salida de la única procesión del día, presidida por Cristo Rey y María Santísima de la Amargura, que volvió a congregar una notable presencia de público en las calles, especialmente en el itinerario de ida, como viene siendo habitual.

El cortejo mostró una clara mejoría respecto a jornadas precedentes, destacando por su mayor agilidad y dinamismo. Con un tiempo de paso en torno a los 45-50 minutos, la cofradía ofreció un discurrir más fluido, con menor número de detenciones y un ritmo más acorde a las características de la procesión.

En el apartado musical, uno de los puntos más destacados de la jornada, la banda de la Misericordia de Viveiro. La formación sonó con mayor empaque, intensidad y cohesión, ofreciendo un acompañamiento que realzó el andar del paso, en una simbiosis que fue percibida muy positivamente por el público. Esta formación aún mostró hoy mayor solvencia que ayer. Y es que el ir detrás de un paso motiva incluso a una formación que ya suena bien de por sí.

En cuanto a la puesta en escena, el paso del Cristo Rey presentó elementos que no dejaron indiferente. La utilización de corteza de árbol cubriendo la cruz, recurso cada vez más frecuente en montajes de cultos, generó cierta controversia por su reiteración y discutida adecuación al conjunto procesional, evidenciando la necesidad de moderación en este tipo de recursos escenográficos.





Uno de los aspectos más reseñables fue la mejora en la disposición de los tercios que ya discurren correctamente por los laterales del cortejo y no cada uno a su bola. . Sin embargo, persisten diferencias notables en la uniformidad de los hermanos de fila, con diversidad de cirios, hachones y formatos que rompen la necesaria estética de conjunto. La cofradía continúa así enfrentando el reto de consolidar una identidad visual homogénea que refuerce su personalidad en la calle.

En materia de insignias, se repitieron situaciones que generan debate dentro del ámbito cofrade, como la presencia de elementos duplicados —caso del bacalao—, cuestión que incide nuevamente en la necesidad de una mayor unificación de criterios dentro de la corporación. Solo debe de salir uno y este tiene que ser necesariamente el bacalao de la Cofradía. Si algunos tercios han decidido hacer uno por su cuenta y riesgo está muy bien, pero rompen por completo la identidad del cortejo y su verdadera razón de ser. 

El broche lo puso el paso de palio de María Santísima de la Amargura, que volvió a dejar constancia de su sobresaliente calidad artística. La imagen, considerada por muchos especialistas como una de las más destacadas del patrimonio ferrolano, continúa sin alcanzar el reconocimiento popular que su nivel merece, manteniéndose como una de las grandes joyas aún por descubrir para el gran público. Destacó igualmente el acierto en su exorno y vestimenta, que refuerzan su personalidad estética dentro del conjunto de la cofradía.

Lo que está claro es que esta imagen es la que mejor se le da al vestidor cada año. Esperemos que no estropee este buen comienzo de Semana Santa con inventos raros tratando de emular a destacadas imágenes sevillanas. 




En definitiva, una jornada que dejó avances significativos en lo organizativo y musical, pero que vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de seguir trabajando en la cohesión interna y en la definición de un estilo propio que permita a la cofradía presentarse en la calle con una identidad única y reconocible.

Estos pequeños detalles que indicamos, son los que al final harán que la Cofradía sea una y ayudará a ir solventando poco a poco los enfrentamientos internos y los egos desmedidos de algunos. Recordar siempre, lo llevo diciendo desde en año 2018. Mientras la Cofradía sea una, mientras no reme todo el mundo hacia la misma travesía, seguirá siendo, aunque me repita, una travesía por el desierto. La independencia de los tercios con sus respectivos locales y la ejecución independiente de proyectos para sus respectivos tercios, es el verdadero y gran "cáncer" de esta Cofradía. Mientras esto no desparezca y coja las riendas la Junta de Gobierno al cien por cien, esto no tendrá solución. Es la Cofradía del Cristo de la Misericordia y la Virgen de Dolores, y sobre estos dos titulares tiene que girar todo. El resto acompaña y tienen su importancia y su día. Pero los Titulares son los que son. Mientras no entendamos eso no hay nada que hacer, y teniendo en cuenta la participación en cultos y demás en torno a los titulares, me parece que la gente no lo tiene asumido. Recordar que los cofrades tienen derechos y obligaciones, y una de ellas es acudir y rendir culto a sus titulares, y estos como ya hemos dicho son Cristo de la Misericordia y Virgen de Dolores, y no he visto esa presencia en sus cultos. 


viernes, 27 de marzo de 2026

La periodista "JEFA"

Hoy os quiero hablar una vez más de una persona que representa a la empresa contratada por la Junta de Cofradías para llevar sus redes y su gabinete de prensa. Resulta cuanto menos contradictorio que una persona dedicada al ámbito periodístico adopte actitudes que van en contra de otros medios de comunicación. Porque cuando se descalifica a un medio de comunicación de la ciudad, cuando se habla desde el prejuicio en lugar de desde la información, lo que se deteriora no es solo la imagen de un medio concreto, sino la credibilidad del propio oficio.

Calificar a un medio de comunicación como “radio fantasma” sin tener el más mínimo conocimiento de su trayectoria, su trabajo o su equipo humano no es solo una falta de respeto: es una muestra de ligereza impropia de quien debería manejar la información con rigor. Más aún cuando esa valoración parece responder a cuestiones personales y no profesionales.

Pero este no es un hecho aislado. Ya el pasado año se vivió un episodio igualmente cuestionable, cuando se intentó negar una acreditación de prensa a un fotógrafo cuya trayectoria habla por sí sola. Un profesional que ha colaborado de forma desinteresada y constante con la Semana Santa, aportando valor y visibilidad. Vetar a alguien así no solo es injusto, sino que demuestra una preocupante desconexión con la realidad del propio evento que se pretende representar.

La autocrítica es una herramienta imprescindible en cualquier profesión, y el periodismo no es una excepción. Antes de señalar hacia fuera, conviene mirar hacia dentro. Antes de cuestionar el trabajo ajeno, es necesario garantizar la calidad del propio. Y bueno, mejor me callo. 

Porque al final, esto no va de egos ni de disputas personales. Va de responsabilidad, y, sobre todo, de estar a la altura del lugar que se ocupa. Y eso, en cualquier ámbito —pero especialmente en el de la comunicación—, no debería ser negociable. Las rencillas personales, son eso, y es bueno separarlas de lo profesional. Yo hablo en mi blog bajo mi responsabilidad, pero no se puede ni hacer ni adoptar actitudes cuando se está representando a un entidad. 




domingo, 22 de marzo de 2026

Artículo de opinión por Juan Galego: “Y que vamos a hacer si no hay otro?

En Ferrol pasa el tiempo, se suceden los cultos, las Cuaresmas, las Semanas Santas, los triduos, quinarios, viacrucis y procesiones extraordinarias… y hay un problema que no solo persiste, sino que parece agravarse: la forma de vestir las sagradas imágenes.

Pero no nos engañemos. El problema ya no es únicamente que, en la mayoría de los casos, las imágenes estén mal vestidas —que lo están—. El problema de fondo es mucho más serio: no existe ningún criterio. Ninguno. Cero.

Hoy una imagen aparece de una forma, mañana de otra completamente distinta, pasado mañana con un planteamiento que no tiene absolutamente nada que ver con el anterior. No hay coherencia, no hay continuidad, no hay una línea estética reconocible. Y así es imposible construir nada. Porque vestir una imagen no es colocar telas: es definir su identidad visual, su carácter, su forma de presentarse ante los fieles.

Y eso, en Ferrol, se ha perdido.

Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que las imágenes eran perfectamente reconocibles a distancia. No hacía falta ver el rostro: bastaba una silueta, un tocado, una caída de mantilla para saber qué Dolorosa se acercaba. Cada una tenía su sello. Su personalidad. Su forma de estar vestida. Había diferencias, sí, pero dentro de un lenguaje común, coherente y cuidado.

Hoy, en cambio, asistimos a un desfile de ocurrencias.

Porque eso es lo que hay: ocurrencias. Cambios constantes sin base, sin estudio, sin respeto por una estética consolidada… o peor aún, sin intención siquiera de crearla. Se pretende innovar sin haber construido antes una impronta. Se quiere sorprender sin haber enseñado primero a reconocer.

Y así no funciona esto.

La innovación, en el arte de vestir imágenes, no puede ser el punto de partida. Es el punto de llegada. Primero se define un estilo. Se consolida. Se fija en la retina colectiva. Y solo entonces, poco a poco, con criterio y conocimiento, se introducen matices, variaciones, evoluciones. Lo que está ocurriendo en Ferrol es justo lo contrario: una improvisación permanente disfrazada de innovación.

Pero hay algo aún más grave que todo esto.

Y es que se sabe.

Se sabe que se está haciendo mal. Se comenta en privado. Se reconoce en círculos internos. Y, sin embargo, no se actúa. Se mira hacia otro lado. Se acepta. Se tolera. Bajo el argumento —tan pobre como preocupante— de que “no hay otra persona”.

¿De verdad ese es el nivel?

¿De verdad una hermandad puede permitirse justificar un trabajo deficiente en algo tan esencial como la imagen de sus titulares porque “no hay relevo”? Si no lo hay, se busca. Si no aparece, se forma. Pero lo que no se puede hacer es perpetuar lo mediocre por comodidad o dejadez.

Porque vestir una imagen no es un detalle menor. Es, probablemente, uno de los aspectos más visibles, más identitarios y más sensibles de una cofradía. Es lo que ve todo el mundo. Es lo que queda en la memoria. Es lo que construye devoción… o la debilita.

Y aquí entramos en otro fallo estructural: la ausencia total de formación.

Se llenan las agendas de charlas, mesas redondas y actividades formativas de todo tipo, pero se ignora algo fundamental: vestir una imagen también es formación. Y de las más importantes. Requiere conocimientos de iconografía, de tejidos, de proporciones, de historia, de estilo… y, sobre todo, de respeto.

Sin embargo, no se invierte en ello. No se crean equipos. No se forma a jóvenes. No se trae a profesionales que enseñen. No se genera cantera. Y así, las hermandades quedan a merced de que una o dos personas… hagan lo que hagan. Hagan lo que quieren. Como ahora.

Y ese es el resultado que vemos hoy.

Imágenes sin identidad. Sin continuidad. Sin sello. Sin personalidad definida. Imágenes que cambian constantemente, pero no evolucionan. Que se transforman, pero no mejoran. Que sorprenden, sí… pero para mal.

Ferrol no puede permitirse esto.

No puede permitirse que uno de los pilares estéticos de su Semana Santa dependa del capricho, de la improvisación o del lucimiento personal de nadie. No puede seguir aceptando lo inaceptable por falta de iniciativa.

Porque esto, sencillamente, no es digno del patrimonio devocional que se tiene entre manos.

Y alguien, de una vez, tendrá que ponerle freno.

todo esto se suma una realidad igual de preocupante: la precariedad generalizada entre cofradías. Cada una parece más débil que la anterior. Algunas viven instaladas en una autocomplacencia difícil de justificar, creyéndose referentes en un contexto donde, en realidad, el nivel global es alarmantemente bajo. Otras atraviesan etapas recientes especialmente pobres, dejando más dudas que certezas sobre su rumbo inmediato. Y hay también casos donde, directamente, se sobrevive con lo justo: con un ajuar limitado y sin los medios necesarios, lo que hace imposible aspirar a resultados de calidad. Pero incluso en esos contextos, la falta de recursos no puede servir como excusa permanente para la falta de criterio.

Porque la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿de verdad se quiere seguir por este camino? ¿De verdad se prefiere mantener este modelo antes que apostar por la formación seria y estructurada de vestidores? Es incomprensible que, en lugar de invertir en crear equipos preparados, en enseñar, en aprender y en dignificar este oficio, se siga dependiendo de personas que, amparadas en su supuesta condición de imprescindibles, actúan sin control y sin dirección. Mientras no se afronte ese problema de raíz —formando a gente y estableciendo criterios claros— todo lo demás seguirá siendo lo que ya es: improvisación, dependencia y un deterioro constante de la imagen pública de las hermandades.


Ver a la Virgen de Dolores de esta guisa el día de su Septenario es lo más triste y lamentable que podemos sentir y ver los devotos. Y que lo sigan permitiendo es para que a la Junta de Gobierno entera se le caiga la cara de vergüenza. De verdad vais a presentar el manto restaurado con la Virgen de lamentable. Si es así no hay palabras. 

miércoles, 11 de marzo de 2026

Artículo de Opinión por Juan Galego: " Una Junta de Cofradías sin rumbo"

La Semana Santa es, para muchas ciudades, uno de los momentos más importantes del año. No solo desde el punto de vista religioso, sino también cultural, patrimonial y social. Requiere planificación, sensibilidad, respeto por la tradición y, sobre todo, una gestión capaz de mejorar lo que ya existe. Por desgracia, la sensación que se está instalando en los últimos tiempos es justo la contraria: en lugar de avanzar, vamos hacia atrás.

La llegada de la nueva junta de cofradías generó, en su momento, ciertas expectativas. Muchos pensaban que podría traer nuevas ideas a pesar de ser realmente continuista, una forma diferente de hacer las cosas, o al menos la voluntad de corregir errores que ya se arrastraban desde hace años. Sin embargo, lo que estamos viendo es preocupante: no solo no se corrigen los fallos del pasado, sino que algunos aspectos parecen haberse deteriorado todavía más.

Un ejemplo claro es la falta de difusión de actos fundamentales. Que el pregón de la Semana Santa no se retransmita resulta difícil de entender en pleno siglo XXI. Hoy en día la comunicación es esencial para cualquier evento que aspire a tener alcance y relevancia. La retransmisión de actos no solo acerca la celebración a quienes no pueden asistir, sino que también proyecta la imagen de la ciudad y de su Semana Santa. Si además se confirma que tampoco se retransmitirán la presentación de la revista y el procesionario, la sensación de retroceso será aún mayor.

A esto se suma una programación musical que genera desconcierto. En plena Cuaresma. En plena preparación de la Semana Santa, cuando la música procesional debería ocupar un lugar central, aparecen en actos cofrades coros y rondallas que, sin desmerecer su valor musical, no responden al contexto ni al momento. La música cofrade tiene su espacio, su significado y su tiempo en el calendario. Sustituirla por otras propuestas en estas fechas transmite la impresión de que se está perdiendo el sentido de lo que se organiza.

Lo más preocupante no es solo lo que se hace, sino la sensación de falta de rumbo. No se perciben ideas nuevas, ni proyectos ilusionantes, ni una estrategia clara para mejorar la Semana Santa. En cambio, se percibe rutina, acomodamiento y una gestión que parece conformarse con salir del paso.

Las tradiciones necesitan cuidarse, pero también renovarse con inteligencia. Mantener lo valioso, corregir lo que no funciona y abrir la puerta a mejoras es la única manera de garantizar que una celebración siga teniendo vida y relevancia. Cuando falta esa ambición, lo que queda es una estructura que simplemente gestiona la inercia.

Y eso, para una Semana Santa con historia, con patrimonio y con potencial, es una oportunidad perdida. Porque lo verdaderamente preocupante no es equivocarse, sino no tener la voluntad de cambiar cuando las cosas claramente no funcionan.



viernes, 6 de marzo de 2026

Artículo de Opinión por Juan Galego: “Copiar mal también es una tradición en Ferrol”

El otro día, por motivos de trabajo, no pude acudir ni a la procesión de la festividad del Cristo Redentor ni al viacrucis de las cofradías. Pero que uno no esté presente no significa que no pueda ver lo ocurrido. Hoy en día las imágenes y los vídeos circulan con facilidad, y para quienes seguimos con interés el mundo cofrade es casi inevitable acabar revisándolo todo después. Y, sinceramente, lo que vi no me sorprendió demasiado. En Ferrol hemos avanzado mucho en muchas cosas, es cierto, pero seguimos tropezando con el mismo problema de siempre: cada vez copiamos más. Y lo que es peor, la mayoría de las veces copiamos mal, pues solo miramos el envoltorio y nos olvidamos del contexto.

Lo primero que resulta difícil de entender es cómo en una procesión que celebraba nada menos que los cien años de la hechura de la imagen del Cristo Redentor se decide sacarlo en el “columpio”— en lugar de hacerlo en su paso. No tiene sentido. Ese Cristo luce, y mucho, en su paso. Está concebido para eso, para procesionar con la dignidad y la presencia que le da su conjunto completo. Empeñarse en cambiarlo de una cruz a otra, en montarlo y desmontarlo continuamente, además de restarle presencia, termina siendo un riesgo innecesario para la propia imagen. Al final, con tanto cambio, acabarán dañándolo. Y entonces vendrán los lamentos. Ese Cristo no fue concebido para ir en el “columpio”, sino que que se lo pregunten a la Soledad que se cargaron uno “jugando” al Cristo de Mena.

Pero más allá de la cuestión estética o patrimonial, lo que cuesta comprender es la falta de ambición. Una efeméride de cien años no debería resolverse simplemente con una procesión. En muchas ciudades, un aniversario de este tipo da pie a meses de actos: cultos especiales, conferencias, exposiciones, publicaciones, encuentros… una programación que vaya construyendo poco a poco el camino hasta el día grande. Aquí, en cambio, parece que todo se soluciona con sacar la imagen a la calle una tarde y dar el asunto por cerrado. Es una forma muy pobre de entender una conmemoración que podría haber sido mucho más significativa. Y no hablo en particular de la última, pues el criterio es siempre el mismo. Misa y procesión.

Y si lo anterior resulta discutible, el apartado musical termina de completar el desconcierto. En una procesión de carácter festivo, de celebración, se opta por una “capilla musical”. Las capillas musicales tienen su lugar, y su lugar es claro: procesiones de silencio, actos fúnebres, pasos de recogimiento. Su repertorio está pensado precisamente para ese clima. Utilizarla en una procesión que pretende ser alegre y conmemorativa es, sencillamente, incoherente.

Lo curioso es que, al mismo tiempo, en el viacrucis de las cofradías —un acto penitencial, íntimo, sobrio por naturaleza— aparece una agrupación musical. Es decir, justo lo contrario de lo que tendría lógica. Donde encajaría perfectamente esa “capilla musical”, o incluso el silencio, y se coloca una formación de carácter procesional. Y donde se celebraba una festividad se opta por una música de tono fúnebre.

Ante estas decisiones uno no puede evitar hacerse la pregunta: ¿quién piensa estas cosas? ¿Dónde está el criterio? Porque el problema no es innovar ni probar cosas distintas. El problema es la falta de coherencia.

Ferrol tiene una Semana Santa con historia, con personalidad y con potencial. Pero a veces parece empeñada en caer en el peor de los vicios: copiar modelos de otros sitios sin entenderlos y aplicarlos sin ningún sentido. Copiar no es malo si se hace bien. Copiar mal, en cambio, acaba convirtiéndose en un espectáculo de contradicciones.

Y lo preocupante es que, a fuerza de repetir estos desajustes, terminamos normalizándolos. Como si todo diera igual.

Quizá ha llegado el momento de que alguien se siente a pensar las cosas con un poco más de criterio. Porque las procesiones no son solo sacar una imagen a la calle: son un conjunto donde cada elemento —la imagen, el paso, la música, el sentido del acto— debe encajar. Cuando eso ocurre, todo funciona. Cuando no, lo único que queda es la sensación de que seguimos haciendo lo de siempre: copiar sin ton ni son. Y, para colmo, copiar mal.