La procesión del Santo Encuentro, uno de los actos centrales de la Semana Santa de Ferro, me ha vuelto a dejar una sensación agridulce, a pesar de no haber estado presente y seguir su desarrollo a través de testimonios, fotografías y vídeos. Desde ese seguimiento, la impresión general es clara: una procesión excesivamente en el tiempo, con un ritmo lento y una retirada demasiado tardía que termina condicionando el resto de la jornada para sus cofrades. Considero que este es un aspecto clave a revisar, especialmente cuando la cofradía tiene más compromisos a lo largo del día. O se adelantan horarios o se agiliza el cortejo, porque tal y como está planteado actualmente pierde fuerza.
Uno de los puntos que más me sigue llamando la atención es la reiteración de imágenes y estructuras a lo largo de la semana. El caso del Nazareno (Jueves y Viernes Santo) y San Juan (Domingo de Ramos y Viernes Santo) son especialmente significativos. Personalmente, no acabo de entender que una misma imagen salga en más de una jornada sin una justificación clara. Creo que este tipo de decisiones le restan singularidad a momentos que deberían ser únicos.
De hecho, tengo cada vez más la sensación de que, tras ver la primera procesión de cada cofradía, el resto de la semana ofrece pocas novedades. Se repiten tercios, esquemas y, en ocasiones, incluso los propios pasos, lo que contribuye a una percepción de monotonía que no favorece al conjunto.
En el apartado estético, sigo viendo decisiones que, a mi juicio, desvirtúan el equilibrio del conjunto. El exceso de flor en algunos tronos, como el de la Virgen de Dolores, me parece un ejemplo claro. Siempre he defendido que la flor debe ser un complemento, no el elemento protagonista. Cuando se tapa buena parte del trono, se está ocultando también una parte importante del patrimonio visual de la procesión. Excesivo verde, poca flor.
Algo similar me ocurre con el paso de la Verónica. No termino de entender la ausencia de elementos lumínicos. Aunque procese de día, creo que forman parte esencial del conjunto y su falta genera una sensación de vacío difícil de justificar.
También me resulta llamativa la indumentaria en algunos casos, como la de San Juan (blanco por la mañana, verde resto del día). Y sus portadores ya va siendo hora que retiren esa túnica horrorosa que llevan desde hace décadas. Irían bastante más elegantes con la que llevan por ejemplo con el Cautivo. Esta es un cantazo. Los cambios de túnica a lo largo del mismo día y ciertos colores excesivamente llamativos hacen que, en mi opinión, la atención se desvíe hacia los portadores en lugar de centrarse en la imagen, que debería ser siempre la protagonista.
Todo esto me lleva a una reflexión más general: creo que es necesario encontrar un equilibrio entre tradición y evolución. Mantener la identidad es fundamental, pero eso no debería impedir introducir cambios que aporten variedad y eviten la sensación de estar viendo siempre lo mismo.
No se trata de romper con lo establecido, sino de evolucionar con criterio. Pequeñas variaciones, ya sea en lo estético o en la organización, podrían contribuir a enriquecer notablemente el conjunto de la Semana Santa.
En cualquier caso, mi intención no es cuestionar el valor global de la Semana Santa ferrolana, que sigo considerando de un nivel aceptable, aunque muy mejorable, sino aportar una reflexión que, creo, cada vez comparte más gente. Porque si algo tengo claro es que hay margen de mejora, y que abrir este tipo de debates solo puede ayudar a que siga creciendo en el futuro.
En lo que respecta a la vestimenta de la Verónica, debo decir que continúa en una línea estética que no comparto en absoluto y que, sinceramente, no le favorece. Cuesta entender esa insistencia en enlutarla prácticamente hasta las cejas cuando, en épocas pasadas, lucía con mucha más elegancia gracias a tonalidades más agradecidas como el azul o el blanco, sabiamente combinados con el negro.
En cuanto a la Virgen de Dolores, sin llegar a los excesos vistos en otras ocasiones —como los actuales en la capilla—, considero que la presentación sigue siendo claramente mejorable. Da la impresión de que se camina hacia un desequilibrio visual: la imagen amenaza con salir literalmente escorada por la desmesura de joyas y aderezos que se le están imponiendo. El fajín rojo, ya de por sí poco acertado, se ve además intervenido con broches y añadidos que no hacen sino acentuar esa sensación de sobrecarga.
Por último, en lo relativo al Santo Entierro y Os Caladiños, que valgan ya también para ellos estos comentarios ya que los pasos que participan ya lo hicieron también en Santo Encuentro y es lo mismo. Sobre la metedura de pata de Os Caladiños poco más puedo añadir a lo ya expuesto en anteriores artículos. Mi postura se mantiene firme, FEO con mayúsculas a devotos y cofrades con una decisión unilateral que ni se entiende ni se comparte. Un decisión que ni siguiera la cofradía se ha tomado la molestia de explicar.
FOTOS REDES IGNACIO DEL MORAL "INAXETE"
























