Basta ya. No hay otra forma de empezar. Basta ya de silencios cómplices, de mirar hacia otro lado y de permitir lo que, a todas luces, es una falta de respeto continuada a nuestros Sagrados Titulares.
¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo va a seguir la junta de gobierno consintiendo este despropósito? Porque esa es la pregunta clave, la que muchos cofrades se hacen en voz baja, en corrillos, en conversaciones que nunca llegan donde tienen que llegar. ¿Hasta cuándo?
Lo que está ocurriendo con el vestidor de la cofradía de Dolores no es algo puntual ni anecdótico. Es una práctica reiterada, un modo de actuar basado en el lucimiento personal, en la imposición de un criterio propio por encima de la tradición, del buen gusto cofrade y, sobre todo, del respeto que merecen nuestras imágenes. No se trata de vestir, se trata de transformar, de disfrazar, de convertir lo que debería ser devoción en espectáculo.
Y lo más grave no es solo eso. Lo más grave es el silencio. El silencio de una junta de gobierno que, lejos de poner orden, permite que un vestidor haga y deshaga a su antojo: cambia cuando quiere, decide sin consultar, interviene sin criterio compartido. ¿De verdad no hay nadie que ponga límites? ¿De verdad el argumento es “no hay otro”? ¿Ese es el nivel?
Porque entonces el problema ya no es el vestidor. El problema es la dejación de funciones. El problema es una dirección que renuncia a su responsabilidad de velar por el patrimonio devocional de la hermandad. El problema es una junta que permite que la Virgen de Dolores sea utilizada como lienzo de caprichos personales.
¿A qué estamos jugando? ¿A un concurso de originalidad? ¿A ver quién llama más la atención? Esto no va de eso. Esto va de respeto, de tradición, de identidad. De saber estar a la altura de lo que una cofradía representa.
Y mientras tanto, los cofrades callan. Se asume. Se traga. Se comenta por lo bajo. Pero no se actúa. Y así, lo que debería ser intolerable, acaba normalizándose.
Por eso, la pregunta vuelve, una y otra vez: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo va a permitir la junta de gobierno que esto continúe? ¿Hasta cuándo se va a mirar hacia otro lado mientras se desvirtúa la imagen de la titular?
Porque cada cambio que se consiente es un paso más en la dirección equivocada. Y cada silencio, una forma de aprobación.
Esto no es una crítica por gusto. Es un grito desde dentro. Desde el respeto, sí, pero también desde la indignación. Porque hay líneas que no se deberían cruzar. Y hace tiempo que se cruzaron.
Basta ya.


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