La procesión del Santo Entierro volvió a ser lo que es y lo que siempre ha sido: una procesión solemne, seria, sin margen para demasiado análisis más allá de su propio sentido. Es una procesión especial, distinta a todas, y así se vivió una vez más en la calle.
Pero este año repasando imágenes y fotos para hacer esta crónica, la he visto con una sensación diferente. Con pena, sinceramente. Con la impresión de que quizá esta haya sido la última vez que la veamos tal y como la conocemos. Después de lo ocurrido en Cuaresma, con ese desencuentro entre las cofradías, todo apunta a que la situación puede cambiar de cara al futuro. El Santo Entierro quiere salir solo con la Virgen de Dolores o solos (objetivo principal), Dolores apuesta por hacerlo con San Juan y la Virgen. Este año, gracias a la mediación de Miramar, se ha evitado la ruptura, pero la sensación que queda es que ha sido una solución provisional.
Yo respeto profundamente la decisión del Santo Entierro. Cada cofradía organiza sus cosas como considera oportuno, y faltaría más. Igual que otras hermandades lo hacen a su manera, ellos también tienen todo el derecho. Pero no puedo evitar pensar que esta procesión no es una más. Es una procesión con una función muy concreta, con un carácter oficial dentro de la Semana Santa, y eso la hace diferente.
Por eso me parece una pena ese intento de volver a una época que ninguno de nosotros ha vivido. Ni siquiera la propia cofradía, que nació hace relativamente poco en comparación con lo que se quiere recuperar o emular. Los que ya peinamos canas tenemos muy presente cómo era esta procesión hace 40 o 50 años: larga, con representación de muchas cofradías, con ambiente en la calle. Con el paso del tiempo se fue reduciendo todo, sí, pero aun así seguía manteniendo ese carácter conjunto que la hacía especial.
Y ahora, pensar que eso puede romperse, que se pueda perder esa imagen que tantos años llevamos en la retina, pues da pena. No lo entiendo, sinceramente, pero es lo que se quiere y poco más hay que decir.
En cuanto al desenclavo, sigo en la misma línea de siempre. No soy partidario de copias de imágenes. Cada imagen tiene su historia, su devoción, su peso, y creo que eso hay que respetarlo. Si se quería una imagen para esta función, yo hubiese optado por algo completamente distinto, incluso una imagen articulada de las que hoy en día están muy logradas. Pero de nueva factura. Nunca una copia.
La ceremonia, además, se me sigue quedando a medias. La idea de recuperar el desenclavo es buena, pero la ejecución no termina de convencerme. Falta el sudario, falta cuidar más el momento, y sobre todo falta rematar el traslado del Cristo con la dignidad que requiere. Tal y como se hace ahora, ese final se desluce bastante. Tienen en el museo la antigua urna. No será mejor eso que llevar al Cristo como un “saco” de patatas, con todo el respeto.
Creo sinceramente que se podría hacer algo mucho más completo y más solemne, sin necesidad de grandes cambios, simplemente cuidando detalles que son fundamentales en una escena como esta.
Y poco más. El Santo Entierro ha sido, una vez más, lo que es. Pero con esa sensación de que algo puede cambiar, y no precisamente para mejor.
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