Hay debates que se alargan más de lo que deberían, y el de las flores es uno de ellos. No por su importancia, sino por cómo se ha gestionado. Y aquí no hay matices que valgan: cuando algo se hace mal desde la base, todo lo que viene después es ruido, malestar y una sensación general de injusticia que se podría haber evitado.
Hablo con conocimiento de causa. He trabajado durante años en entidades sociales, gestionando, coordinando y participando en procesos de donación. Sé perfectamente lo que significa pedir colaboración, lo que implica apelar a la solidaridad y, sobre todo, lo que hay que hacer para que una iniciativa así funcione. Y hay una palabra clave que aquí ha vuelto a fallar: comunicación.
La Cofradía de Dolores ha vuelto a tropezar en lo mismo. Notas internas, mensajes entre tercios, información fragmentada… todo muy de puertas para dentro. Pero cuando se plantea una acción que afecta a toda la cofradía —y potencialmente al público general—, no basta con comunicados internos. Hace falta claridad, transparencia y, sobre todo, apertura.
Porque la pregunta es evidente: ¿quién tiene que ser solidario aquí? Tal y como se ha planteado, parece que únicamente los cofrades y los portadores. Y no, eso no es solidaridad, eso es cargar la responsabilidad siempre sobre los mismos. Sobre quienes ya están pagando una cuota, sobre quienes ya participan activamente, sobre quienes sostienen la cofradía desde dentro.
¿De verdad alguien se ha parado a pensar que puede haber cofrades o portadores que no estén en condiciones de pagar esas flores? ¿Que la solidaridad también puede ser necesaria dentro, no solo hacia fuera? Es una reflexión básica que, una vez más, parece que nadie ha hecho.
Si se quiere organizar una iniciativa solidaria, hay que hacerlo bien. Y ejemplos hay. La Cofradía de las Angustias lleva años demostrando cómo se hacen estas cosas: comunicación clara, publicidad suficiente, condiciones bien explicadas y un planteamiento que no genera dudas ni agravios. No es tan difícil: basta con mirar, aprender y aplicar. Y sobre todo, mantener todos los años las mismas reglas de "juego".
Aquí, en cambio, seguimos con el modelo de “cada tercio por su lado”, como si la cofradía no fuera una sola. Y ese es otro problema de fondo: la falta de unidad. No pueden existir reinos de taifas dentro de una misma organización. No puede haber mensajes distintos según quién los reciba. Tiene que haber un único criterio, una única comunicación y una única forma de hacer las cosas.
Y luego está la cuestión de fondo, la que más molesta: la equiparación injusta. No se puede tratar igual a un cofrade o a un portador —que forman parte de la cofradía, que aportan económicamente y que participan activamente— que a alguien que viene de fuera. No es elitismo, es sentido común.
Lo mínimo exigible sería reconocer esa implicación con algún tipo de prioridad o beneficio básico. Por ejemplo, que puedan disponer de un par de flores sin coste. A partir de ahí, quien quiera colaborar más, que lo haga. Porque la solidaridad, por definición, es voluntaria, no impuesta ni disfrazada de obligación.
Lo que no se puede hacer es diseñar una iniciativa mal comunicada, mal planteada y que, encima, recae siempre sobre los mismos. Así no se construye comunidad, así se genera desgaste.
Y lo peor de todo es que no estamos ante un problema nuevo. Es un error repetido. Y cuando los errores se repiten, ya no son fallos: son una forma de hacer las cosas que alguien debería empezar a cuestionar seriamente.
¿De verdad la Cofradía quiere hacer acción social a costa de sus asociados o solo con ellos en un momento tan mediático como es Ferrol la Semana Santa?, ¿no tendría más éxito el hacer un comunicado de prensa, una nota en los conductos oficiales de la Cofradía o en las propias retransmisiones televisivas de sus procesiones, con tiempo suficiente y repitiéndolo las veces que sea necesario explicando a la ciudadanía la forma de poder adquirir un flor de uno de los pasos y de paso colaborar con esa iniciativa solidaria? Después a lo largo del año ya hay otras acciones sociales que digamos son más exclusivamente para los que componen la Cofradía. Pero en un momento tan mediático, en el que el público en general está enganchado y muchos "mueren" por llevarse una flor de los tronos, y no somos capaces de captar la atención y las donaciones de este público dispuesto. Vuelve a fallar la comunicación. Como veis la comunicación es la clave de todo, y en esta y resto de Cofradías en la mayor parte de las situaciones brilla por su ausencia. Si no sois capaces de hacer desde la Junta de Gobierno esta simple lectura, lo siento mucho, pero no sé que hacéis dirigiendo una entidad en la que uno de sus pilares es la caridad y la solidaridad.
De verdad es tan difícil la planificación. La comunicación. A mi lo que realmente me parece es que la Cofradía de Dolores, con el tirón que tiene, ha vuelto a perder una oportunidad de oro de conseguir una gran recaudación para una acción solidaria, y todo por inacción, dejadez o un desconocimiento alarmante de sus dirigentes.

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