Hoy os quiero hablar una vez más de una persona que representa a la empresa contratada por la Junta de Cofradías para llevar sus redes y su gabinete de prensa. Resulta cuanto menos contradictorio que una persona dedicada al ámbito periodístico adopte actitudes que van en contra de otros medios de comunicación. Porque cuando se descalifica a un medio de comunicación de la ciudad, cuando se habla desde el prejuicio en lugar de desde la información, lo que se deteriora no es solo la imagen de un medio concreto, sino la credibilidad del propio oficio.
Calificar a un medio de comunicación como “radio fantasma” sin tener el más mínimo conocimiento de su trayectoria, su trabajo o su equipo humano no es solo una falta de respeto: es una muestra de ligereza impropia de quien debería manejar la información con rigor. Más aún cuando esa valoración parece responder a cuestiones personales y no profesionales.
Pero este no es un hecho aislado. Ya el pasado año se vivió un episodio igualmente cuestionable, cuando se intentó negar una acreditación de prensa a un fotógrafo cuya trayectoria habla por sí sola. Un profesional que ha colaborado de forma desinteresada y constante con la Semana Santa, aportando valor y visibilidad. Vetar a alguien así no solo es injusto, sino que demuestra una preocupante desconexión con la realidad del propio evento que se pretende representar.
La autocrítica es una herramienta imprescindible en cualquier profesión, y el periodismo no es una excepción. Antes de señalar hacia fuera, conviene mirar hacia dentro. Antes de cuestionar el trabajo ajeno, es necesario garantizar la calidad del propio. Y bueno, mejor me callo.
Porque al final, esto no va de egos ni de disputas personales. Va de responsabilidad, y, sobre todo, de estar a la altura del lugar que se ocupa. Y eso, en cualquier ámbito —pero especialmente en el de la comunicación—, no debería ser negociable. Las rencillas personales, son eso, y es bueno separarlas de lo profesional. Yo hablo en mi blog bajo mi responsabilidad, pero no se puede ni hacer ni adoptar actitudes cuando se está representando a un entidad.

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