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miércoles, 4 de noviembre de 2026

Artículo de opinión por Juan Galego: "La Semana Santa de Ferrol y los reposteros: el dinero público no se debe cobrar dos veces"

La Junta General de Cofradías de la Semana Santa de Ferrol ha anunciado diferentes iniciativas para mejorar la promoción y decoración de la ciudad de cara a 2027. Entre ellas figura la elaboración de reposteros para los balcones de los ciudadanos, que se entregarán a cambio de un donativo económico, sin una cantidad previamente establecida.

Hasta aquí, la iniciativa podría parecer una fórmula más para implicar a los ferrolanos en su Semana Santa. Sin embargo, detrás de esta propuesta existe una cuestión que merece una reflexión y, sobre todo, una explicación.

Durante los últimos años, la Diputación Provincial de A Coruña ha colaborado con la Semana Santa de Ferrol mediante la impresión de materiales promocionales, como revistas, procesionarios y carteles, realizados directamente en la imprenta provincial. Es decir, la institución no entregaba una cantidad económica a las cofradías, sino que asumía directamente ese servicio.

Para 2027, el sistema cambiará. Según lo anunciado, la Diputación sustituirá ese trabajo de impresión por una aportación económica, de manera que la propia Junta General de Cofradías (a petición propia) podrá contratar la elaboración de los materiales promocionales con las empresas que considere oportunas.

Además, dentro de esa financiación se contempla la adquisición de otros elementos decorativos, como banderolas, cubrevallas y reposteros destinados a los balcones de los vecinos.

Y es precisamente aquí donde surge la controversia.

Si los reposteros se van a adquirir con dinero público procedente de la Diputación, ¿por qué los ciudadanos tienen que realizar una aportación económica para conseguirlos?

La Junta General de Cofradías ha explicado que no se establecerá una cantidad fija, sino que cada vecino podrá entregar el donativo que considere oportuno. La justificación ofrecida es que, de esta manera, quienes reciban los reposteros se responsabilizarán de ellos, los cuidarán y evitarán que se deterioren.

Un argumento que, personalmente, considero poco convincente.

¿Acaso un ciudadano va a cuidar mejor un repostero por entregar uno, dos o cinco euros? ¿No es suficiente con el compromiso de colocarlo en su balcón y contribuir a la decoración de la ciudad? ¿Por qué hay que condicionar la participación de los vecinos a una aportación económica, por pequeña que sea?

Pero hay una cuestión todavía más importante. Si para recibir el repostero es obligatorio entregar dinero, aunque sea la cantidad que cada uno quiera, no estamos hablando de un donativo completamente voluntario. Estamos hablando de una aportación económica exigida como condición para recibirlo.

Y eso cambia considerablemente las cosas.

No se trata de cuestionar la necesidad de financiación de las cofradías ni el trabajo que realizan durante todo el año. Tampoco de poner en duda la conveniencia de decorar Ferrol durante una celebración declarada de Interés Turístico Internacional. Todo lo contrario. Cuantos más balcones engalanados, más ambiente y mayor implicación ciudadana, mejor para todos.

Lo que se cuestiona es que unos materiales que, según lo anunciado, se pretenden adquirir con fondos públicos puedan quedar sujetos a una segunda aportación económica por parte de quienes quieran utilizarlos.

Conviene recordar que el dinero de la Diputación no es un regalo particular ni un fondo del que pueda disponerse sin condiciones. Es dinero público, procedente de los impuestos de los ciudadanos, y su utilización debe ajustarse a las finalidades y condiciones del correspondiente acuerdo de financiación.

Por eso, sería conveniente conocer con exactitud qué conceptos financiará la Diputación, si la adquisición de reposteros está incluida entre los gastos autorizados y si se contempla la posibilidad de obtener ingresos mediante su distribución.

La normativa sobre subvenciones no impide automáticamente que una entidad beneficiaria obtenga otros ingresos relacionados con una actividad financiada públicamente, pero sí exige respetar las condiciones de la ayuda, justificar su aplicación y evitar que la financiación supere el coste de la actividad subvencionada.

Por tanto, antes de hablar de irregularidades, lo que corresponde es pedir transparencia.

Si los reposteros están pagados íntegramente con fondos públicos, lo razonable sería que los vecinos pudieran recibirlos gratuitamente. Y si alguien desea colaborar económicamente con la Junta General de Cofradías, que pueda hacerlo mediante una donación verdaderamente voluntaria, sin que esa colaboración sea una condición para disponer del material.

Además, si lo que preocupa es que los ciudadanos cuiden los reposteros, existen otras fórmulas para fomentar esa responsabilidad, sin necesidad de exigir dinero. Bastaría con establecer un compromiso de conservación o unas condiciones claras para su entrega.

La Semana Santa de Ferrol pertenece a toda la ciudad, no solamente a quienes forman parte de las cofradías. Su promoción, especialmente cuando se financia con recursos públicos, debería facilitar la participación del mayor número posible de ciudadanos, sin establecer condicionantes económicos innecesarios.

No se puede presentar una aportación como voluntaria cuando se convierte en requisito para recibir algo. Y mucho menos debería hacerse sin explicar previamente cómo se ha financiado ese material y qué destino tendrá el dinero recaudado.

La Junta General de Cofradías tiene una buena oportunidad para aclarar esta cuestión y evitar una polémica perfectamente innecesaria. No en vano ya está siendo objeto de críticas en las redes sociales.

Porque una cosa es pedir colaboración económica para sostener las actividades de la Semana Santa y otra muy distinta es condicionar la entrega de unos elementos decorativos, presuntamente financiados con dinero público, a que los vecinos tengan que abrir nuevamente el bolsillo.

El dinero público es de todos. Y si con ese dinero se compran reposteros para promocionar la Semana Santa en los balcones de Ferrol, lo lógico es que lleguen a esos balcones sin tener que pagar por ellos una segunda vez.

Y, por cierto, un último detalle para la Junta General de Cofradías: ya que estamos hablando de promocionar la Semana Santa, tampoco estaría de más utilizar correctamente el vocabulario cofrade. No son balconeras, señores, son reposteros. Que a estas alturas tengamos que explicarles a las propias cofradías cómo se llaman los elementos de su Semana Santa tiene su aquel.



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